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Sobre estadísticas y finales felices.

Me gustaría poseer una libertad total y absoluta pero evidentemente, como cualquier ideal, habré de acercarme sin llegar. Me gustaría que nadie condicionase la elección del tema a escribir en mi blog pero al vivir en sociedad, interactúas y… nada, allá voy.

Cuando uno explica un caso propio, vamos a poner de salud que es lo que aquí se trata, en el ámbito científico, en la estadística, queda como un caso, solo uno. Un pobre bagaje si acaso llega a pasar los controles científicos pertinentes del estudio sobre lo que queremos concluir al hablar de nuestro caso.

Y es que los números dicen lo que queramos que digan, dependiendo del punto de vista que, voluntariamente o no, queramos darle. Porque un 20% puede ser un resultado poco prometedor, pero un 20% de millonarios alrededor nuestro puede ser muy gratificante. Millonarios de los que reparten, de los que son millonarios en virtudes edificantes. Ahora, tener dos de éstos de cada diez personas en mi entorno se convierte en un privilegio.

Indudablemente, en un estudio científico, todos los casos pasan filtros para que cumplan “exactamente” los mismos parámetros. El problema, uno de ellos, de los estudios con seres humanos, los casos clínicos, es que no somos iguales y reaccionamos de manera muy distinta a iguales factores (un ejemplo muy básico nuestra distinta “constitución” derivada de la distinta reacción a los alimentos). ¿Esto se debe a que no somos solo cuerpo? Quizá, aunque yo solo puedo y voy a hablar de éste porque si soy experto en algo es en esto y, como mucho, en microbiología, los seres que viven en simbiosis con nosotros (la inmensa mayoría).

Por tanto, es posible que tú seas uno de esos casos más parecido a aquellos que obtuvieron un desarrollo desfavorable en el estudio de tal fármaco y para ti no sea eficaz ese tratamiento (uno de los del 20% :P). No obstante, el fármaco se comercializó y está disponible. El procedimiento no es perfecto pero es el que tenemos. Hay que mejorarlo mucho y hay que hacerlo desde ya. En eso andan algunos, que son críticos, pero positivos.

Siempre aviso e insisto en los enfoques distintos, los puntos de vista diversos con los que hay que afrontar las situaciones. Hay demasiadas estadísticas terroríficas en la salud: los casos no solucionables en UCI han aumentado vertiginosamente, el número de personas en diálisis ha aumentado, como también el consumo de fármacos ansiolíticos y antidepresivos, alergias y reacciones autoinmunes, enfermedades raras… no hablemos ya de los tumores. Ante este panorama y sin cambiar una coma en el apoyo al avance en investigación científica, algunos hemos buscado en las cosas más básicas, los pilares de la salud, la forma de cambiar esta deriva. Porque coincidimos en que no tenemos esos hábitos saludables fundamentales que tanto bien nos pueden hacer y que a veces no son fáciles de alcanzar en una sociedad enferma, estructurada sin tener a bien nuestro cuerpo.

Cuando explico una experiencia y sin ánimo de soberbia lo hago desde lo que me llegó del médico y abuelo de principios del siglo XX, desde la experiencia de mi padre, farmacéutico y analista clínico, de mis estudios en farmacia, microbiología, análisis clínicos, desde los años firmando analíticas, hablando y colaborando con médicos y otros profesionales de la salud. En mis publicaciones científicas. Como periodista y divulgador científico. En tantos congresos, de microbiología, nutrición y fitoterapia. Desde mis dolores articulares, estomacales… y mis conversaciones con nuevas ideas, más nuevas personas, más nuevos profesionales y sus enfoques. Y sobre todo desde mi excepticismo innato, de mi espíritu crítico, perfeccionista e inconformista llevado al ámbito de la salud, del teatro y las letras, de la música, del deporte y a mi labor como padre y cuidador. Siempre prudente antes de que por mi boca salga algo que no sea al menos más bello pero sobre todo más práctico que el silencio, que tanto valoro.

Por cierto, ¿alguien más quiere bailar conmigo?