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Redes sociales y placeres.

Con la herramienta de las redes sociales puedes leer cantidad de cosas interesantes. Yo creo que soy afortunado y sigo a aquellos amigos, muchos, cuyas lecciones me resultan gratificantes, enriquecedoras, aunque no siempre por estar en la misma sintonía. De esto creo que se trata, de aprender siempre. Hay muchos ámbitos en la vida que abarcamos en nuestro caminar diario y en cada uno de ellos estamos más o menos… equilibrados; diría yo que ésta es la mejor palabra.

A través de estas redes también interactúo con amigos, unos más lejanos que otros. Porque yo soy de los que les gusta escribir y decir lo que pienso. A la vista está. Siempre con ánimo de que mis palabras hoy o mañana puedan ser de utilidad al lector, amigo o amiga.

Entonces me encuentro con esta idea que ya he escuchado o leído varias veces… y me escribo encima, tengo que decirlo. Esta vez se compartió desde la reflexión, siempre supuesta, de un actor famoso de Hollywood, da igual quién, la idea básicamente es la siguiente: no andes preocupándote tanto de qué has de comer, cuánto ejercicio tienes que hacer y tanto más tienes que cuidarte si cuando la muerte quiere encontrarte te encuentra, todos nos vamos a morir algún día (generalmente de cáncer), así que vive todos los días como si fuera el último, disfruta de los placeres que tienes al alcance de la mano… y así, con distintos formatos se va efectuando la argumentación.

La idea fundamental la comparto desde el punto de vista de que hay que vivir en el presente pero no comparto que la primera parte sea la negación de la segunda, que sean contrarios. Ésta es una farsa que creo debemos desterrar por completo: uno puede cuidarse, ser fiel a su organismo, sus funciones y necesidades, obteniendo una vida en el presente llena de placeres y sabores plenos. Aunque es verdad que no nos han educado en ello y hemos de desaprender para saborearlos. A esto tratamos de dedicarnos algunos.

Pero lo peor del argumento sucede cuando se añade la coletilla de que tal persona vivió como le dio la gana, comió, bebió y fumó cuanto quiso y murió muy mayor y muy feliz. A lo que enseguida pienso: primero, me alegro por esa persona, que disfrutara tanto tiempo de esa libertad, respetable siempre, aunque yo prefiera la libertad que está más acorde también con la del conjunto de mis congéneres. Me encanta comer y disfruto haciéndolo de un modo respetuoso con mi animal. Disfruto también cuando tomo una bebida “espirituosa” (o varias) pero no pierdo el respeto con mi persona, con mi ser. Ya no temo a la muerte (sólo una parte de este juego) y así creo que viviré más o con un temor menos, que también es grato. Pero para placeres, los de verdad, los obtengo con mi cuerpo y si es compartido, mejor. Cada uno saque sus conclusiones pero ¡qué demonios! por qué no decirlo también así: Si se trata de placeres prefiero, por ejemplo, antes de que un pequeño incendio vaya a mi boca, que mi boca provoque un pequeño “incendio”.

Por cierto, ¿alguien más quiere bailar conmigo?