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Filosofía versus Ciencia

El entendimiento adecuado de la vida no sólo se adquiere por la información recibida sino por la digestión de ésta con la experiencia de vida en la que a su vez participa la propia lógica (la mente) y las emociones, mayoritariamente. Es un proceso complejo.

A las personas que se suelen hacer preguntas sobre cuestiones fundamentales de nuestra existencia se les suele llamar filósofos, los que buscan la sabiduría. Algunos de la Grecia Clásica adquirieron gran renombre y se les supone los antecesores de lo que ahora llamamos científicos,

siendo la Ciencia la que pretende demostrar la verdad solamente de las cuestiones… medibles (con los instrumentos que se tienen en el momento) para que pueda ser reproducible en cualquier lugar del planeta (que posea esos instrumentos, claro).

La reproducibilidad es el primero de los pilares del método científico, el de más éxito, el más atractivo, el que quiere todo el mundo, siendo el segundo, la refutabilidad el gran olvidado. Nadie quiere oír hablar, después de tanto trabajo, que tal proposición puede ser negada.

Son las dos caras de la moneda que hay que aceptar, como en tantos ámbitos de la vida, pero lo hemos negado. Y aquí creo que está el germen de la mala praxis que invade actualmente el campo de la salud. Suelo comentar que a los científicos no nos deberían dejar trabajar en el campo de la salud (o en cualquiera) sin demostrar nuestra valía como filósofos. Esta cualidad es la que claramente se ha perdido derivando en esta devaluación del cuidado del ser humano.

Esto lo ponemos en evidencia con el comportamiento soberbio, exento de humildad, extendido en numerosos profesionales de la salud. Podemos poner muchas excusas (la máxima, la falta de tiempo) pero a la mayoría de pacientes no los podemos atender adecuadamente sin esta visión global. Todavía peor, el término HOLÍSTICO todavía nos queda lejano y nos empeñamos en relacionarlo con lo esotérico, llegando a enfrentar lo “científico” a lo filosófico.

“No olvidemos nuestras raíces”, decimos constantemente, para no perder nuestra esencia. Pues la raíz de la ciencia es la filosofía y la humildad es el punto de partida de todo sabio. Que no nos importe decir “exactamente no lo sé” porque si tenemos este espíritu filosófico/científico encontraremos algo que aportar desde nuestro conocimiento actual y por supuesto activará nuestra búsqueda activa de soluciones (en plural, ya que las causas suelen ser múltiples también) para el problema que se plantee. Así, además, el “cuidado” adquirirá una dimensión mayor, acorde con la entidad del sujeto a tratar, el ser humano.

En un plano concreto y cómico, un ejemplo está en la famosa la serie de televisión Big Bang: ¿qué haría el doctor en física Sheldon Cooper sin Penny?

¿Alguien más quiere bailar conmigo?